PARÍS.- La reacción de Emmanuel Macron ante la atribución hecha por Estonia a Rusia por un incendio ocurrido en agosto en una empresa del sector de la defensa reabrió la presión sobre la capacidad de respuesta institucional frente a actos hostiles que ya no se presentan como episodios aislados. El presidente francés habló de una “peligrosa huida hacia adelante” y vinculó esa escalada con la necesidad de proteger estructuras y centros críticos, en un contexto en el que la retórica de firmeza convive con nuevos hechos de seguridad en territorio europeo.
Macron expresó su “plena solidaridad” con Estonia y recordó que Alemania había formulado semanas antes una acusación similar tras un incidente grave en el aeropuerto de Leipzig. También afirmó que Rusia “no podrá doblegar ni nuestra unidad ni nuestra determinación de seguir apoyando a Ucrania”, mientras señaló que recientemente ordenó un plan nacional para reforzar la protección de infraestructuras sensibles en Francia. El contraste entre ese discurso de unidad y la sucesión de incidentes vuelve a colocar bajo escrutinio la eficacia preventiva de las respuestas oficiales.
Según el primer ministro estonio, Kristen Michal, el incendio del 15 de agosto en las instalaciones de Milrem Robotics, en Tallin, fue un acto de sabotaje presuntamente encargado por los servicios especiales rusos. Tres ciudadanos lituanos sospechosos de provocar el fuego fueron detenidos en Letonia y luego extraditados a Estonia. Aunque no hubo víctimas y las llamas fueron controladas rápidamente, Macron también condenó los recientes ataques rusos contra Ucrania, entre ellos el golpe a la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, que, según sus declaraciones, dejó varios muertos y heridos. La secuencia refuerza la alerta institucional sobre una crisis que sigue ampliando sus efectos más allá del frente militar.
