El Senado sancionó de urgencia un proyecto de ley que prohíbe la importación y fabricación de foam, en una reforma que también incorpora una contribución obligatoria vinculada al manejo de residuos. Aunque la medida fue aprobada en dos lecturas, su ejecución queda ahora bajo presión por las dudas que deja sobre fiscalización, cobro y seguimiento.
La aprobación legislativa coloca el foco en la etapa que sigue: cómo se aplicarán las nuevas restricciones, qué institución asumirá la supervisión y con qué mecanismos se garantizará el cumplimiento. En ausencia de esos detalles, la eficacia de la reforma dependerá menos del anuncio político y más de su capacidad de ejecución.
El proyecto se presenta como una respuesta al problema de los residuos, pero el texto aprobado también obliga a mirar su costo y su impacto para el sector productivo y para las autoridades responsables de hacerla cumplir. Sin información pública suficiente sobre la implementación, la contribución obligatoria añade una nueva capa de exigencia administrativa que deberá ser fiscalizada.
La sanción de urgencia acelera el proceso legislativo, pero no resuelve por sí sola los desafíos operativos. Ahora la atención se traslada a la transparencia de la aplicación, al diseño de la supervisión y a los resultados concretos que la reforma pueda mostrar en la gestión de residuos.
