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‘La crueldad alegre’: una lectura del poder que reabre la vigilancia sobre cómo se justifican políticas culturales desde el Estado

julio 17, 2026 · Redactor
‘La crueldad alegre’: una lectura del poder que reabre la vigilancia sobre cómo se justifican políticas culturales desde el Estado
Foto: acento.com.do

El libro de Darío Tejeda revisa la música bajo la dictadura de Trujillo y deja una advertencia vigente: cuando el poder administra la cultura sin fiscalización; el discurso oficial puede imponerse sobre la realidad social.

La publicación en 2025 de “La crueldad alegre: la música y el poder. Una historia sonora de la dictadura de Trujillo”, de Darío Tejeda, no solo propone una investigación sobre aspectos poco explorados de la música en la dictadura, sino que vuelve a poner sobre la mesa una alerta institucional: la relación entre cultura y poder exige vigilancia permanente para evitar que desde las estructuras públicas se normalicen relatos únicos sobre la identidad nacional.

El libro rompe con la versión tradicional de “época dorada” que ha marcado parte de las publicaciones sobre ese periodo y plantea una historiografía musical descentralizada. En ese giro, conceptos como el contrapoder sonoro permiten leer expresiones de contracultura que desmienten la idea de una música dominicana enteramente subordinada al Trujillato. El contraste entre relato dominante y experiencia social concreta abre una discusión que rebasa el pasado y toca el presente: qué políticas institucionales siguen apoyándose en brechas históricas no resueltas. Tejeda examina la política cultural y el desenvolvimiento de la música en un contexto dictatorial, y desde ahí ofrece pautas para pensar conflictos interculturales de la sociedad dominicana contemporánea. Ese punto resulta especialmente sensible en un momento en que la gestión pública y el uso del presupuesto en cultura deberían estar sometidos a mayor fiscalización ciudadana, precisamente para impedir que la promoción oficial sustituya el debate de fondo sobre representación, memoria y prioridades reales. La investigación también muestra la convivencia de dos procesos paralelos en la historia cultural dominicana, uno nacional y otro popular, y usa el contrapoder sonoro para entender músicas vinculadas a formas de vida, espacios culturales y creencias espirituales. Ahí aparecen la “música de campesinos”, el convite, las cofradías, las celebraciones religiosas y las fiestas populares como expresiones que sobrevivieron a la lógica del poder y a sus intentos de encuadre. La permanencia de manifestaciones en la cultura tradicional dominicana y en la memoria de colectivos como el Liborismo, la cultura Cocola, el Gagá, las cofradías de los Congos y la Sarandunga confirma, según el enfoque del libro, que el alcance de esa lógica fue parcial.

Esa constatación refuerza una lección política de fondo: cuando el poder pretende convertir cultura en relato cerrado, la realidad social termina desbordándolo, y ahí es donde la rendición de cuentas institucional deja de ser un gesto retórico para convertirse en una necesidad pública.