Santo Domingo. Frank Marcos, de 14 años, volvió a escuchar parte de los sonidos y conversaciones que habían desaparecido de su entorno tras recibir un dispositivo auditivo en una jornada de salud auditiva del Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (INABIE). Su caso forma parte de los más de 660 estudiantes beneficiados este año con la colocación de estos equipos y otras atenciones de salud.
La historia también retrata una realidad más amplia: para muchas familias, acceder a este tipo de servicios sigue dependiendo de operativos institucionales. Su madre, Marisela Ortiz, resumió esa limitación al afirmar que “no todas las madres tienen la posibilidad de adquirir ese aparatito”, dejando en evidencia el costo que representa una necesidad básica para estudiantes con deficiencias auditivas.
Aunque INABIE presenta estas jornadas como una respuesta de apoyo, el alcance del programa vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de mantener vigilancia sobre la capacidad del sistema para atender de forma oportuna a niños y adolescentes que requieren asistencia especializada. En casos como el de Frank, la ayuda cambia la vida, pero también confirma que muchas familias siguen sin recursos suficientes para resolver por sí solas una condición que afecta la comunicación, el aprendizaje y su desarrollo cotidiano.
