Bill Gates afirmó ante la comisión de supervisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que Jeffrey Epstein intentó chantajearlo con información sobre una infidelidad matrimonial, en un testimonio que volvió a situar bajo examen las relaciones entre figuras de poder y el convicto delincuente sexual. El cofundador de Microsoft negó haber conocido los crímenes de Epstein y sostuvo que su vínculo comenzó en 2011, con la idea de recaudar miles de millones de dólares para proyectos de salud mundial.
De acuerdo con su versión, los encuentros se limitaron a conversaciones sobre donaciones benéficas que nunca se concretaron, y el intercambio terminó en diciembre de 2014, cuando concluyó que las promesas de fondos eran falsas. Más tarde, a través de correos electrónicos vinculados a un exempleado suyo, dijo haber descubierto que Epstein tenía datos sensibles de su vida privada y que utilizó esa información, junto con varias mentiras, para presionarlo con el objetivo de retomar una alianza económica, algo que rechazó.
Ante los legisladores, Gates tomó distancia de los escenarios delictivos y aseguró: «Nunca presencié ni tuve indicio alguno de que Epstein estuviera involucrado en actividades delictivas. Jamás fui a su isla, a su rancho ni a su casa en Florida». La comparecencia, sin embargo, refuerza el foco institucional sobre la falta de controles y de explicaciones oportunas en torno a los nexos que Epstein logró tejer con integrantes de las élites globales antes de que esos vínculos quedaran expuestos públicamente.
