El domingo, Donald Trump retomó sus amenazas de “aniquilar” a Irán, dos meses y medio después del inicio de la ofensiva contra Teherán, en un escenario en el que la tregua no ha acercado una solución y la tensión continúa trasladándose a la región. Su nuevo mensaje, difundido en Truth Social, coincidió con el reporte de un dron estrellado cerca de una instalación nuclear en Emiratos Árabes Unidos y con la falta de contactos directos entre emisarios de ambos países desde una reunión en Pakistán a mediados de abril.
Lejos de afianzar una salida negociada, el conflicto sigue alimentando amenazas cruzadas. Teherán advirtió a Washington sobre “escenarios inéditos, ofensivos, sorprendentes y tumultuosos” si vuelve a ser atacado, mientras el vicepresidente del Parlamento iraní aseguró que responderían contra instalaciones petroleras en la región si se golpean las suyas. Al mismo tiempo, la guerra ha derivado en un bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, por donde pasaba alrededor del 20 % de las exportaciones mundiales de hidrocarburos.
Ya el lunes, el impacto se dejaba ver en los mercados asiáticos, con el Brent avanzando 1,28 % hasta 110,26 dólares el barril. Además, la crisis continúa extendiéndose más allá de Irán y Estados Unidos: Teherán supedita la paz a un alto el fuego duradero en Líbano, mientras persisten los ataques y lanzamientos de proyectiles pese a la prórroga del alto el fuego entre Israel y Líbano. El cuadro refuerza el contraste entre la retórica de presión y la ausencia de resultados verificables para contener el costo regional del conflicto.
