Donald Trump volvió a plantear este martes que Venezuela debería convertirse en un estado de Estados Unidos y elegir un gobernador en lugar de un presidente, una declaración lanzada en un mitin en Corpus Christi, Texas, en apoyo a candidatos republicanos de medio mandato. El planteamiento coincidió con una agenda marcada por intereses políticos y energéticos: tras el acto, estaba prevista una visita junto al secretario de Estado, Marco Rubio, a un buque cargado con petróleo venezolano atracado en un puerto de Texas.
Durante su discurso, Trump agradeció al Gobierno de Venezuela la firma del acuerdo que concede a North American Blue Energy Partners (NABEP) derechos sobre 17 yacimientos petroleros. También afirmó que la relación entre ambos países se ha vuelto «muy, muy buena, excelente» y destacó que grandes petroleras invierten «miles y miles de millones de dólares». El dato adquiere mayor peso institucional porque el Pentágono posee una participación del 35 % en la empresa matriz de NABEP, lo que refuerza el contraste entre el discurso político sobre la transición venezolana y el avance simultáneo de intereses estratégicos y económicos. Las declaraciones llegaron un día después de que el Departamento de Estado anunciara su respaldo a un plan para reformar el sistema judicial y electoral venezolano en los próximos meses. Según ese esquema, Delcy Rodríguez debería declarar vacante la Presidencia para abrir un plazo constitucional de seis meses hacia elecciones previsiblemente en 2027.
En ese contexto, la insistencia de Trump en hablar de un «estado 51» y de un gobernador, sumada al antecedente de la captura de Nicolás Maduro durante una intervención militar estadounidense y al restablecimiento de relaciones diplomáticas con Caracas, vuelve a colocar bajo escrutinio la distancia entre la narrativa oficial y el reordenamiento real del poder alrededor del petróleo y las instituciones.
