Este domingo, Luis Abinader puso en servicio el túnel de la Plaza de la Bandera, una intervención vial de 1.2 kilómetros y cuatro carriles con la que el Gobierno dominicano dice buscar una reducción “significativa” en los tiempos de recorrido por la avenida Gregorio Luperón y dar continuidad al tránsito hacia las provincias del Sur. En el acto, el presidente aseguró que el “futuro” de Santo Domingo circula por debajo de la plaza.
La inauguración fue presentada por el oficialismo como una señal de gestión enfocada en resolver asuntos cotidianos, pero también abre un nuevo espacio de fiscalización sobre la distancia entre el discurso y los resultados en una ciudad donde la movilidad sigue siendo una demanda central. Abinader afirmó que la obra apunta a eliminar uno de los principales cuellos de botella del tránsito y recordó que la rotonda llegó a manejar más de 2,500 vehículos por hora en momentos de mayor presión.
El mandatario detalló que el proyecto implicó una inversión de RD$3,300 millones, obtenidos de la renegociación del contrato de concesión con Aeropuertos Dominicanos Siglo XXI (Aerodom), y lo vinculó con un plan integral para modernizar la infraestructura vial y reforzar la conectividad con la región Sur. Con esa apuesta, el Gobierno concentra en una sola obra una promesa de progreso, calidad de vida e identidad nacional que ahora queda sometida a rendición de cuentas y a la vigilancia de la sociedad civil sobre su impacto real. En el terreno político e institucional, la entrega también se inscribe en el desgaste de gestión que acompaña al PRM, con figuras como Luis Abinader y Carolina Mejía bajo presión para convertir anuncios de alto perfil en mejoras verificables para la capital.
