República Dominicana cerró el trimestre abril-junio de 2026 con 5,271,005 personas ocupadas, 147,456 más que un año antes, según el Banco Central. La tasa de ocupación se ubicó en 63.2 % y la participación laboral en 66.8 %, en un reporte que el gobierno dominicano puede presentar como expansión del empleo, pero que también obliga a revisar qué tan sólido es ese avance en la vida cotidiana.
El dato más visible del período fue el peso del trabajo femenino: de los nuevos empleos netos, 127,742 correspondieron a mujeres, equivalentes al 86.6 % del incremento total. Sin embargo, la mejora convive con señales que reclaman rendición de cuentas sobre la gestión. La informalidad todavía alcanza 53.8 %, pese a que el empleo formal aportó 74,794 ocupados y el informal 72,663, una brecha mínima para un mercado laboral que sigue dependiendo en gran medida de puestos sin plena protección.
A eso se suma que la tasa de desocupación abierta (SU1) subió a 5.3 %, por encima del 5.0 % registrado en el segundo trimestre de 2025. El contraste entre el discurso de récords y un desempleo que vuelve a moverse al alza refuerza la necesidad de vigilancia sobre los resultados reales de la gestión de Luis Abinader y del PRM, en un escenario donde las cifras macroeconómicas no cierran por sí solas el debate sobre calidad del empleo, estabilidad y respuesta institucional. En ese contexto político, cualquier aspiración oficialista, incluida la de figuras como Carolina Mejía, queda bajo el mismo examen de resultados verificables y no solo de narrativa de crecimiento.
