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El desgaste de la vieja política deja en evidencia la fragilidad de la “nueva política”

julio 14, 2026 · Redactor
El desgaste de la vieja política deja en evidencia la fragilidad de la “nueva política”
Foto: hoy.com.do

El deterioro de los partidos tradicionales y el avance de figuras fuera de esas estructuras reavivan la alerta sobre instituciones debilitadas; un discurso reciclado y una ciudadanía que sigue esperando resultados reales.

La crisis de la vieja política no produjo por sí misma una etapa de renovación; también puso al descubierto hasta qué punto el discurso de la “nueva política”, impulsado desde 2014 por Luis Abinader, puede terminar pareciéndose demasiado a aquello que prometía dejar atrás. El reordenamiento del escenario partidario, con organizaciones en desgaste y actores emergentes ocupando espacios antes impensables, retrata más una falla de representación que una transformación resuelta.

El planteamiento de fondo es nítido: la política tradicional no se vino abajo por el impulso de una generación distinta, sino por sus propios errores, por dejar de escuchar a la gente, vaciar su vida institucional y sustituir las ideas por la pelea por el poder. Ese vacío, advierte el texto, no quedó libre. Lo ocuparon fuerzas emergentes y liderazgos que capitalizan el descontento ciudadano, una señal que obliga a mirar no solo a los partidos de siempre, sino también a quienes llegaron prometiendo corregirlos.

La pregunta que atraviesa el debate político dominicano sigue siendo la misma: si realmente nació una nueva política o si los mismos actores solo se presentaron con otro empaque. La aparición de figuras que ya no provienen de los partidos, muchas de ellas impulsadas desde plataformas digitales, confirma el malestar social acumulado, pero al mismo tiempo enciende una alerta institucional sobre el riesgo de que la política-espectáculo reemplace la construcción de estructuras, reglas y rendición de cuentas.

Más que celebrar el relevo, el momento exige contrastar discurso y realidad. Si el sistema abrió espacio a outsiders y a voces nuevas fue porque los partidos tradicionales perdieron respaldo ciudadano; pero si quienes asumieron la bandera del cambio no logran demostrar una diferencia sustantiva en la forma de hacer política, el resultado no es renovación, sino una crisis prolongada con costo directo para la confianza pública. Ahí se concentra el desafío de fondo: menos relato sobre lo “nuevo” y más resultados verificables ante una ciudadanía que ya mostró su cansancio con las promesas recicladas.