Carolina Mejía dejó formalizada su intención de competir por la nominación presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM) para las elecciones de 2028, al declarar en un encuentro con dirigentes de esa organización en Barahona: «Seré la candidata presidencial del PRM y en 2028 seré la presidenta de nuestro país». En días previos, durante una actividad en La Romana, había adelantado el eje político de su apuesta al afirmar que la ausencia histórica de una mujer al frente del Poder Ejecutivo «está por cambiar». Con el respaldo inicial de legisladores, alcaldes y regidores de distintas provincias, la alcaldesa del Distrito Nacional puso en marcha una carrera sucesoria dentro del oficialismo.
La decisión de Mejía no solo abre la competencia interna en el PRM, sino que también obliga a examinar con mayor rigor su trayectoria, sus capacidades ejecutivas y los desafíos que enfrenta dentro de su propia organización. Nacida en Santiago de los Caballeros el 28 de marzo de 1969, es hija del expresidente Hipólito Mejía, uno de los principales referentes del perremeísmo, un dato que hace inevitable el debate sobre el peso de las estructuras de poder en su ascenso político.
Formada en Economía por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), con estudios complementarios en diplomacia y mercados financieros, Carolina Mejía laboró en el sector privado y ocupó funciones técnicas en la administración pública durante el gobierno de su padre, desde donde coordinó acuerdos comerciales y de cooperación internacional. Su entrada en la primera línea electoral ocurrió en 2016, cuando fue elegida como compañera de boleta de Luis Abinader, antecedente que ahora sitúa su proyecto presidencial bajo una exigencia mayor de rendición de cuentas sobre resultados, liderazgo propio y capacidad real para responder a las demandas ciudadanas más allá del discurso partidario.
