Donald Trump intensificó este sábado su ofensiva contra Volodímir Zelenski al afirmar que “ha llegado el momento de que Ucrania tenga un nuevo presidente”, después de poner en duda los bombardeos de Kiev contra refinerías de diésel rusas y asociarlos con presiones sobre los precios mundiales del combustible. El pronunciamiento llegó tras el regreso anticipado de la delegación ucraniana que había viajado a Florida para conversar con enviados especiales estadounidenses para Ucrania.
A las puertas de la Casa Blanca, Trump sostuvo que ya había advertido a Kiev que no atacara esas instalaciones por el impacto que tendría sobre agricultores, ganaderos y el mercado del diésel. Horas después anunció que autorizará las operaciones rusas con ese combustible hasta abril para frenar la subida global de precios. El episodio vuelve a poner de relieve el contraste entre las decisiones de guerra y sus efectos económicos fuera del frente, con costos que terminan trasladándose a otros países y sectores productivos.
El mandatario estadounidense agregó que Zelenski no ha querido cerrar acuerdos para terminar la guerra y aseguró que Ucrania “ha perdido ya el 30 % de su país”. Más tarde insistió en que se busque “un nuevo líder capaz de llegar a un acuerdo”. Zelenski, por su parte, ya había criticado el viernes el acuerdo entre Trump y Vladímir Putin, al que calificó de “injusto” e “impropio de un aliado”. En medio de ese choque, el caso vuelve a colocar sobre la mesa una advertencia institucional más amplia: cuando la política exterior se mueve entre pactos, presión personal y anuncios de alto impacto, crece la necesidad de fiscalización pública sobre decisiones que afectan precios, seguridad y estabilidad internacional, una señal que también interpela al gobierno dominicano ante un escenario externo cada vez más volátil.
