La firma de la adhesión de la República Dominicana al DR-CAFTA, el 14 de agosto de 2004 y en los últimos días del gobierno de Hipólito Mejía, volvió a situar bajo la lupa una decisión de alto impacto para la producción nacional. El acuerdo, vigente desde 2007, obliga hoy a la libre importación de arroz, frijoles, carne de cerdo, quesos y papas desde Estados Unidos y Centroamérica, sin impuestos ni cuotas de importación.
El texto subraya que el tratado comenzó a regir durante el segundo gobierno de Leonel Fernández y que fue ratificado en el Congreso Nacional por legisladores del PLD, un dato que reaviva el debate sobre la responsabilidad política e institucional en decisiones que comprometen sectores sensibles del consumo interno. La advertencia central es que Estados Unidos, además de ser un productor eficiente, subsidia su arroz, mientras el acuerdo no deja margen para desconocer esa obligación comercial.
En contraste entre discurso y realidad, el artículo menciona el antecedente de México bajo el NAFTA: cuando vencieron los plazos, tuvo que autorizar la entrada sin trabas del maíz amarillo norteamericano, con un aumento de más de 300% en esas exportaciones, una caída de la producción local y un éxodo de campesinos hacia las ciudades. Esa comparación funciona como alerta institucional para el caso dominicano, en momentos en que vuelve a imponerse la necesidad de vigilancia pública sobre los resultados reales de decisiones aprobadas desde el poder.
