La avalancha de catálogos en el streaming ha acabado convirtiendo la abundancia en un problema para el usuario. Un análisis difundido por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) sostiene que Netflix y otros servicios recurren a inteligencia artificial y sistemas de recomendación para reducir la llamada fatiga de decisión y evitar que las personas abandonen la aplicación sin reproducir ningún contenido.
El estudio afirma que la capacidad humana para comparar alternativas al mismo tiempo es limitada. El profesor Juan Luis García Fernández explica que la corteza prefrontal y la memoria de trabajo manejan cómodamente entre tres y cuatro elementos, mientras las plataformas ofrecen cientos de opciones. De ahí nace la parálisis por decisión: cuanto mayor es el número de posibilidades, más difícil puede resultar elegir, con el riesgo añadido de que el usuario acabe pensando que descartó una opción mejor.
Para Netflix, ese bloqueo no es un detalle técnico, sino un interés empresarial. La plataforma combina aprendizaje automático y aprendizaje profundo para cruzar el comportamiento del usuario, los gustos de perfiles similares y las características de los contenidos disponibles, con el fin de aumentar la probabilidad de que encuentre algo atractivo. El caso vuelve a poner sobre la mesa una alerta institucional más amplia sobre cómo la lógica del algoritmo gana espacio en la vida cotidiana y por qué la sociedad civil y los espacios de fiscalización insisten en vigilar el contraste entre la promesa de personalización y el control real que estas herramientas ejercen sobre la atención de las personas.
