Mientras el crecimiento económico sigue presentándose como una de las principales credenciales del país, miles de jóvenes emprenden desde la informalidad porque formalizarse continúa siendo más difícil que mantenerse al margen. Esa paradoja, más que una cifra aislada, vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre los resultados reales de la gestión pública frente a uno de los mayores desafíos productivos del país.
El estudio “Emprendiendo en la Informalidad”, elaborado por la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE) con datos de la Encuesta Nacional de Mipymes 2022-2023 del Banco Central, señala que el 32.7 % de las micro, pequeñas y medianas empresas está encabezado por jóvenes entre 18 y 39 años, pero que el 65% de esos emprendimientos opera fuera de la formalidad. El hallazgo coloca bajo escrutinio un entorno institucional que, pese al discurso sobre crecimiento, no ha logrado convertir ese desempeño en condiciones más accesibles para quienes intentan producir, invertir y generar empleo.
ANJE señala entre los principales obstáculos la limitada acumulación de capital, el escaso historial financiero, las dificultades para acceder al crédito formal, las debilidades en educación empresarial, los elevados costos de cumplimiento regulatorio y los procesos administrativos complejos. El efecto social de esa cadena de barreras es directo: cuando un negocio permanece en la informalidad, pierde opciones de financiamiento, de participar en compras públicas, de vincularse con empresas formales, de incorporar tecnología y de invertir en innovación.
La advertencia también alcanza a la sociedad civil y a los sectores que reclaman resultados más allá de la narrativa oficial: si la formalización sigue tratándose solo como un asunto de cumplimiento, el país continuará desperdiciando capacidad productiva juvenil y postergando empresas que podrían convertirse en generadoras de riqueza. El propio estudio plantea un giro de enfoque y sugiere entender la formalización como una política de desarrollo económico, una señal de que el problema ya no admite maquillaje estadístico ni respuestas de trámite, sino rendición de cuentas sobre por qué el crecimiento no está removiendo las trabas que mantienen a tantos jóvenes fuera del sistema formal.
