La nueva escalada en el Golfo Pérsico ha vuelto a dejar al descubierto la debilidad de los intentos diplomáticos en la región. Mientras Irán acusa a Estados Unidos de preparar «otra guerra», Israel activó la alerta máxima militar ante el riesgo de un choque mayor, en un contexto en el que el alto el fuego descrito como frágil no ha logrado despejar la amenaza de una desestabilización más amplia.
La advertencia iraní fue formulada por el presidente del Parlamento, Mohamed Baqer Qalibaf, quien sostuvo que los movimientos de inteligencia de la Casa Blanca muestran que la opción militar sigue vigente. Según su planteamiento, la presión económica y el bloqueo financiero no serían una salida política, sino la antesala de una ofensiva mayor. En esa misma línea, Qalibaf afirmó que Irán no cederá ante la intimidación e instó a reforzar la capacidad de respuesta defensiva.
Del lado israelí, el jefe de las Fuerzas Armadas, Eyal Zamir, confirmó tras una reunión de emergencia con sus comandantes que las tropas están preparadas para cualquier escenario. Sin embargo, el cruce de advertencias y la mención a una reunión prevista en Islamabad muestran un cuadro de parálisis diplomática que, lejos de contener la crisis, mantiene a la región al borde de un nuevo deterioro. El Estrecho de Ormuz vuelve así a quedar bajo presión en medio de un escenario donde los anuncios de contención contrastan con una realidad de máxima alerta.
