La aparición de 319 extensiones maliciosas de Google Chrome, instaladas por 13,4 millones de usuarios, vuelve a señalar una brecha de control sobre herramientas que se presentan como útiles y terminan interviniendo búsquedas, recogiendo consultas personales y desviando tráfico con fines de monetización. El hallazgo, presentado por John Tuckner, de la firma Socket, amplía una investigación publicada en abril de 2025 y añade 264 extensiones más vinculadas a otros 8,7 millones de usuarios.
De acuerdo con el informe, los operadores detrás de estas extensiones tratan de modificar el motor de búsqueda predeterminado de Chrome para que las consultas pasen antes por servidores bajo su control. Desde ahí registran lo que el usuario busca, lo vinculan con identificadores únicos y después determinan hacia dónde redirigir el tráfico. Aunque en los casos analizados las búsquedas acababan en resultados reales de Yahoo y Bing, los investigadores advierten de que el mismo mecanismo puede emplearse para mostrar páginas fraudulentas, resultados manipulados o sitios preparados para distribuir programas maliciosos.
La alerta también deja ver el contraste entre la apariencia inofensiva de estas aplicaciones y su funcionamiento real. Entre las extensiones detectadas figuran nombres como Safe Web Search y PDF Manual Finder, promocionadas mediante anuncios pagados en plataformas como Google Ads y Bidbrain. El caso refuerza la necesidad de vigilancia y fiscalización sobre un ecosistema digital en el que la promesa de utilidad rápida puede ocultar esquemas organizados de captura de datos y desvío de navegación con impacto directo sobre los usuarios.
