Francia ha entrado en una fase de parálisis económica, según admitió el ministro de Economía y Finanzas, Roland Lescure, tras conocerse que el PIB se contrajo un 0,1 % en el tercer trimestre. El funcionario reconoció que el crecimiento no ha llegado en los últimos tres trimestres y sostuvo que, si el Gobierno no consigue sanear las cuentas públicas a corto plazo, el país podría “estrellarse”.
La situación pone de relieve el choque entre la urgencia de aprobar un presupuesto y la debilidad política para sacarlo adelante. El proyecto para 2027 plantea reducir el déficit público al 5 % del PIB, desde el 5,4 % registrado en 2026, pero su aprobación sigue en el aire por la ausencia de mayoría parlamentaria y la proximidad de las elecciones presidenciales. Esa advertencia oficial deja abierta una señal institucional: sin corrección fiscal, el deterioro económico ya reconocido por el propio Gobierno amenaza con agravarse.
A esa presión presupuestaria se añade el coste social. Francia vive protestas por el aumento del coste de la vida y demandas estudiantiles que han derivado en algunos de los peores disturbios de los últimos años. La caída del PIB se explicó por el retroceso de las exportaciones, en particular en equipos de transporte y en la industria aeronáutica, mientras el ministro atribuyó la situación a factores internos y externos, entre ellos las olas de calor y las tensiones en el estrecho de Ormuz que empujan al alza los combustibles. El episodio vuelve a colocar en primer plano una discusión que también interpela al gobierno dominicano: cuando las cuentas públicas se tensan, la vigilancia sobre presupuesto, prioridades y capacidad de respuesta deja de ser discurso y pasa a ser una exigencia ciudadana.
