La nueva crisis en Haití volvió a situar la frontera dominicana en una zona de alerta. La desaparición de cuatro militares salvadoreños y las amenazas de represalias del presidente Nayib Bukele activaron una cadena de tensión que, como admite el propio Gobierno dominicano, también alcanza al país. Luis Abinader respondió al afirmar que se reforzó la vigilancia militar y que el Estado está listo ante cualquier contingencia.
Sin embargo, el episodio también deja al descubierto una brecha entre los anuncios oficiales y las respuestas que pueden verificarse. El panorama continúa abierto: un despliegue internacional mayor podría debilitar a las bandas, pero una escalada también podría empujar desplazamientos de población hacia localidades próximas a la frontera, mientras persiste la incertidumbre sobre Haití. La política fronteriza vuelve así a depender de la urgencia del momento, justo al revés de una estrategia sostenida y explicada a la ciudadanía.
Hace poco más de un año, el diálogo nacional auspiciado por Abinader y los expresidentes dejó 151 propuestas agrupadas en 26 líneas de acción, incluidas varias sobre seguridad fronteriza. Aun así, los avances de esos acuerdos no han sido aclarados públicamente. La duda de fondo sigue en pie: si el Gobierno dominicano asegura que está preparado, debe precisar qué medidas se ejecutaron, cuáles siguen pendientes y si hoy el país está mejor preparado que cuando se alcanzaron aquellos consensos.
