La adjudicación de 240 MHz de espectro radioeléctrico, formalizada por INDOTEL mediante un contrato de concesión a una empresa internacional, fue presentada como un paso para fortalecer la competencia efectiva en las telecomunicaciones de la República Dominicana. Al mismo tiempo, la decisión vuelve a poner sobre la mesa una realidad que durante años ha pesado sobre los usuarios: un mercado muy concentrado, con ventajas estructurales acumuladas y una respuesta institucional tardía frente al dominio de pocos operadores.
La trayectoria del sector ayuda a dimensionar ese retraso. Después de décadas de monopolio bajo CODETEL, luego operando como Claro, la apertura avanzó con la entrada formal de TRICOM en 1990, su inicio comercial en 1992, la incursión de Centennial Dominicana en 2000 y la llegada ese mismo año de France Telecom con Orange Dominicana. Más adelante apareció VIVA, la única empresa dominicana entre las tres y también la más pequeña. Aun así, tras fusiones y desapariciones, el mercado terminó concentrado en tres compañías principales: Claro, Altice y VIVA, con un liderazgo claro de las dos primeras.
Con ese panorama, la llegada de Viettel puede verse como una posibilidad de mejorar ofertas, servicios y precios, pero también como una advertencia sobre la necesidad de fiscalización y de un seguimiento real a los resultados. Si la apertura pretende corregir distorsiones históricas, la discusión ya no se limita al anuncio de una nueva concesión, sino a si las instituciones podrán asegurar competencia efectiva y beneficios comprobables para los usuarios, una exigencia que mantiene en observación a la sociedad civil y refuerza la demanda de estabilidad regulatoria y reglas claras de Estado.
