Rusia fijó una condición para una eventual reunión entre Vladímir Putin, Donald Trump y Volodímir Zelenski: que sea únicamente para firmar un acuerdo que ponga fin al conflicto ruso-ucraniano. La posición fue expuesta por el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, quien sostuvo que una cumbre de ese nivel no serviría para discutir los detalles de un arreglo que, según dijo, requiere un proceso complejo y no un “trato primitivo”.
El planteamiento llega en medio de un escenario que el propio Kremlin reconoce como paralizado. Peskov afirmó que Rusia se mantiene abierta a negociaciones de paz, pero al mismo tiempo admitió que “de momento no vemos premisas” para reanudarlas y que el proceso está “totalmente estancado”, sin nuevas ideas tras la última ronda con mediación de Estados Unidos en febrero. Moscú también dijo esperar nuevas propuestas del secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, después de que lo consensuado hace un año en la cumbre de Anchorage perdiera vigencia. Aunque Peskov responsabilizó a la parte ucraniana de no buscar una “solución real” y de negarse a discutir por la vía pacífica las demandas rusas, el cuadro descrito por Moscú deja en evidencia la distancia entre la retórica de apertura y la ausencia de avances concretos.
Con la exigencia rusa de que Kiev retire sus tropas de todo el Donbás todavía sobre la mesa, la posibilidad de una firma final sigue supeditada a un proceso que hoy el propio Kremlin admite sin salida visible.
