Perú quedó otra vez atrapado en una elección resuelta por diferencias mínimas, un escenario que obliga a extremar la fiscalización del conteo y prolonga la incertidumbre sobre quién asumirá la presidencia. Las proyecciones difundidas tras la votación colocan a Roberto Sánchez con una ventaja estrecha sobre Keiko Fujimori: la muestra de Ipsos para la Asociación Civil Transparencia le atribuyó 50,3 % frente a 49,7 %, mientras que otra proyección con actas oficiales de Datum Internacional le dio 50,14 % contra 49,86 %.
Con márgenes de error de 1,9 % y 1 %, respectivamente, el desenlace vuelve a perfilarse voto a voto, como ya sucedió en 2016 y 2021, cuando la presidencia se definió por apenas 40,000 votos. La repetición de este patrón coloca de nuevo el foco sobre la necesidad de resguardar cada acta y de exigir respeto al resultado final en un proceso que puede extenderse durante días y semanas.
Luego de conocerse las proyecciones, Sánchez afirmó desde un balcón de la Plaza San Martín que «este es el día de la recuperación de la democracia» y pidió a sus delegados «exigir el respeto al resultado electoral y la voluntad del pueblo». El candidato apareció con el sombrero del encarcelado expresidente Pedro Castillo, a quien representa en estos comicios y cuya condena por el fallido golpe de Estado de 2022 ha prometido revertir. Del lado de Fujimori, la candidata aceptó el «empate técnico», en una contienda que vuelve a dejar a Perú ante una definición frágil y bajo escrutinio institucional.
