La elección presidencial de Perú avanzaba este lunes sin un desenlace cerrado, en otro capítulo de la inestabilidad política que ha marcado al país. Con más del 93% de las actas escrutadas, Keiko Fujimori obtenía el 50,02% de los votos frente al 49,98% de Roberto Sánchez, una diferencia tan ajustada que aún depende de los sufragios pendientes en las zonas rurales, donde Sánchez ha dominado, y de la revisión de actas impugnadas que contienen unos 400.000 votos.
Muy lejos de una definición inmediata, el proceso obliga a seguir de cerca el conteo y la revisión electoral antes de proclamar a un ganador. Fujimori pidió «paciencia y serenidad» y aseguró que respetará el resultado, mientras Sánchez reconoció que hay un «empate» y exigió que el conteo continúe «en los estándares de una elección transparente».
El estrecho resultado se da en un país golpeado por la criminalidad y por una turbulencia política que dejó a Perú con ocho presidentes desde 2016. Así, la disputa voto a voto entre Fujimori, en su cuarto intento por llegar a la presidencia, y Sánchez, heredero político de Pedro Castillo, vuelve a poner el foco sobre la fragilidad institucional y sobre la demanda ciudadana de que el proceso concluya con transparencia y sin celebraciones anticipadas.
