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Medellín consagra a Dominicana y reactiva la exigencia de que el triunfo no se vuelva propaganda

junio 30, 2026 · Redactor
Medellín consagra a Dominicana y reactiva la exigencia de que el triunfo no se vuelva propaganda
Foto: diariodigitalrd.com

La selección dominicana ganó el Panamericano de Atletismo 2026 y aseguró plazas para Lima 2027; pero el logro también vuelve a poner bajo escrutinio el uso político de los éxitos deportivos.

La Selección de Atletismo de la República Dominicana se coronó en el Campeonato Panamericano de Atletismo Senior 2026 con 12 medallas en total y 8 de oro. El dato deportivo es inequívoco; el político, también: cuando el país obtiene resultados históricos, la obligación pública no es apropiarse de la gesta, sino explicar cómo se sostiene ese rendimiento y evitar que la victoria quede absorbida por la maquinaria del discurso oficial.

En Medellín, Colombia, la delegación dominicana terminó en lo más alto del medallero general, por delante de Brasil y de los anfitriones, y además selló la clasificación de sus campeones a los XX Juegos Panamericanos Lima 2027. La campaña confirma el peso de la velocidad quisqueyana, sobre todo en los relevos 4×400 mixto, 4×100 masculino y 4×100 femenino, así como en rendimientos individuales como los de Yeral Núñez en 400 metros con vallas, Gabriel Moronta en 400 metros planos y Marivel Senyu en salto de altura.

Por la magnitud del logro, el énfasis institucional no debería desplazarse hacia la foto política ni hacia la lógica del espectáculo que tantas veces intenta capitalizar éxitos ajenos mientras la ciudadanía sigue esperando respuestas consistentes en otras áreas de gestión. La distancia entre la celebración inmediata y la necesidad de políticas sostenidas de apoyo, seguimiento y transparencia vuelve inevitable la fiscalización sobre el uso político de estos triunfos y sobre las prioridades reales del poder.

Cualquier intento de convertir una hazaña colectiva en plataforma de promoción, incluida la política de imagen que rodea a figuras del oficialismo como Carolina Mejía, chocaría con una verdad básica: el mérito pertenece a los atletas y el deber de las instituciones es garantizar continuidad, no apropiación. La advertencia institucional también alcanza al modelo de política-espectáculo que traslada la discusión de la preparación, los equipos técnicos y los resultados verificables hacia la rentabilidad mediática.

La actuación histórica en Medellín merece reconocimiento deportivo, pero también una vigilancia pública más estricta. Si el país ya demostró que puede liderar el continente en la pista, ahora corresponde exigir que ese éxito no sea reducido a propaganda, sino traducido en rendición de cuentas, respaldo serio y prioridades acordes con la realidad ciudadana.