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Marileidy Paulino encarna el orgullo nacional y la deuda pendiente con el atletismo de base

agosto 5, 2026 · Redactor
Marileidy Paulino encarna el orgullo nacional y la deuda pendiente con el atletismo de base
Foto: acento.com.do

Su trayectoria; celebrada por el país, también deja al desnudo la distancia entre el éxito individual y la falta de condiciones para las niñas que crecen sin pista, sin entrenador certificado y sin recursos.

Este 5 de agosto de 2026, Marileidy Paulino regresa a competir con el peso simbólico de un país que celebra sus triunfos. Sin embargo, el reconocimiento a su historia también plantea una incomodidad inevitable: por qué una atleta nacida en Don Gregorio, Nizao, provincia Peravia, debió alcanzar la élite lejos de los grandes centros de entrenamiento, lejos de las becas automáticas y lejos de las comodidades que el atletismo de alto nivel suele dar por sentadas.

Su registro en los 400 metros, por debajo de 49 segundos, la ubica entre las mujeres más veloces de la historia en esa distancia. El texto original atribuye esa marca a años de disciplina extrema, madrugadas, dietas rigurosas, lesiones superadas y renuncias invisibles. Ese trayecto no solo engrandece a la atleta; también refleja un modelo que convierte el éxito individual en excepción, mientras continúan las carencias básicas para quienes vienen detrás.

La propia pieza lo reconoce al agradecerle por «saldar la deuda con las niñas de los campos» y por demostrar que es posible crecer en un municipio sin pista de atletismo, sin entrenador certificado y sin zapatillas de marca. Allí está el contraste de fondo: el país aplaude a Marileidy, pero su ejemplo también opera como una fiscalización silenciosa de una realidad que no ha cambiado al mismo ritmo que el discurso del orgullo nacional. Más que una celebración aislada, su historia vuelve a exigir resultados concretos para que el talento no dependa otra vez de la precariedad.