Las lluvias registradas el lunes en varias zonas del país, incluido el Gran Santo Domingo, dejaron otra vez toneladas de lilas sobre parte del río Ozama, en una escena que reabre el escrutinio sobre el estado real de los ríos Ozama e Isabela. Desde temprano este martes, brigadas de la Armada Dominicana trabajaban en el puente flotante para retirar el vegetal, donde se compacta antes de seguir rumbo al mar Caribe.
Una parte del arrastre también queda atrapada en la playita del monumento a Fray Antón de Montesinos, en su trayecto hacia el sur. Allí se seca y termina convertida en una masa vegetal de color marrón oscuro, con un efecto visible sobre el entorno y sobre un corredor clave de la ciudad.
La proliferación del jacinto de agua, nombre con el que también se conocen las lilas, se produce por la crecida de los ríos cuando llueve en sus cuencas alta y media, pero su presencia, según el propio texto, deja en evidencia el alto nivel de contaminación de ambos afluentes. El Ministerio de Medio Ambiente la define como una especie acuática invasora que satura cada año el Ozama, mientras organismos especializados advierten que las capas densas pueden reducir el oxígeno del agua, obstaculizar la navegación y alterar los ecosistemas, un contraste que vuelve a poner en el centro la gestión ambiental y la vigilancia institucional.
