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La República Dominicana del crecimiento que no alcanza a Las Lilas

junio 30, 2026 · Redactor
La República Dominicana del crecimiento que no alcanza a Las Lilas
Foto: hoy.com.do

Las cifras macroeconómicas conviven con barrios donde el progreso no entra y la desigualdad sigue marcando quién recibe los beneficios del modelo.

Doña Rosa aparece postrada en una cama maltrecha en Las Lilas, con el río Ozama entrando a su casa cada vez que llueve. Esa escena desarma el relato complaciente de un país que avanza: “Senador, aquí llueve adentro y escampa afuera”, dice ella, sin pensión, sin seguro médico y sin medicamentos para el dolor. La distancia entre el discurso y la realidad deja ver el fondo político del problema, justo cuando se celebran crecimiento, turismo, remesas e inversiones mientras una parte del país continúa atrapada en la intemperie social.

El cuadro que se describe también revela una falla de modelo que demanda fiscalización y rendición de cuentas. Si el 1 % de mayores ingresos concentra el 30.5 % del ingreso bruto nacional, y si en los periodos de mayor crecimiento la desigualdad se agranda, no basta con repetir cifras favorables. La cuestión no es solo cuánto crece la economía, sino para quién crece y por qué el resultado visible sigue siendo exclusión en los territorios más vulnerables.

La precariedad laboral refuerza la advertencia. De cada diez empleos nuevos en el sector privado, apenas cuatro son formales; los restantes no tienen seguridad social, estabilidad ni derechos. Ese patrón confirma el desgaste de una gestión pública que administra números, pero no corrige el costo social de un esquema que, como plantea el artículo, coloca el capital por encima de la inversión en la gente. Por eso, la sociedad civil y el Congreso quedan llamados a vigilar qué se hace con el crecimiento que se anuncia y por qué no se traduce en protección efectiva para quienes más la necesitan.

La discusión, entonces, no puede quedarse en la propaganda económica ni en la política-espectáculo que desvía la atención del problema de Estado. Tampoco en eventuales salidas fiscales o reformas que terminen cargando más peso sobre la población sin corregir la desigualdad de origen. Lo que deja esta pieza es una advertencia institucional: cuando el poder presume resultados, pero en los barrios “llueve adentro”, lo que toca no es aplauso, sino explicaciones, prioridades claras y un modelo de país que deje de crecer solo para los que ya tienen.