Santo Domingo. El interés expresado por el presidente de Honduras, Nasry Asfura Zablah, en adquirir aviones TP-75 Dulus y vehículos blindados Furia ensamblados en República Dominicana fue presentado durante su agenda de trabajo con Luis Abinader como un paso de cooperación en seguridad, comercio y turismo.
Pero el anuncio también desplaza el foco hacia la necesidad de fiscalizar cómo el Gobierno dominicano administra, promueve y prioriza este tipo de iniciativas desde la Industria Militar Dominicana (Indom). Durante la visita oficial de dos días, Asfura recorrió la Base Aérea de San Isidro y varios puntos de la frontera dominico-haitiana, donde conoció procesos de ensamblaje y tecnologías de vigilancia y protección territorial. Según el propio mandatario hondureño, ya se iniciaron conversaciones formales con Abinader para explorar mecanismos que permitan futuras adquisiciones. “Sí estamos muy interesados en el tema de seguridad en la Industria Militar Dominicana, que podamos tener acceso a aviones Dulus y a carros blindados para enfrentar esos grandes retos. Debemos protegernos técnicamente, tácticamente y con equipo para poder salir adelante”, afirmó. El movimiento proyecta a la industria militar dominicana en el plano regional, pero al mismo tiempo refuerza la exigencia de explicaciones públicas sobre los criterios, alcances y resultados concretos de esa estrategia oficial. En un contexto en que el Gobierno busca exhibir capacidad institucional, el episodio vuelve a poner sobre la mesa el contraste entre la narrativa de gestión y la obligación de rendir cuentas sobre decisiones sensibles vinculadas a seguridad, frontera y uso de estructuras estatales.
No fue posible aplicar en esta pieza referencias directas a Carolina Mejía o David Collado porque no aparecen en el texto fuente.
