El Gran Foro Nacional sobre la Visión y el Futuro de las Fuerzas Armadas de Haití, previsto para los días 21, 22 y 23 de agosto de 2026, vuelve a poner en primer plano un debate que trasciende el acto oficial: qué tan sostenible es una reforma militar cuando se presenta como hazaña política, pero debe medirse por su capacidad de institucionalizar el Estado. El texto sitúa esa discusión alrededor del ministro de Defensa, Mario Andrésol, y la conecta con un antecedente histórico que expone la distancia entre anuncio y consolidación.
A partir de los archivos de Le Moniteur, la pieza recuerda que bajo la presidencia de Lysius Salomon se decretó el 3 de noviembre de 1884 la fundación de una Escuela Militar en Puerto Príncipe, y que el 3 de febrero de 1887 se anunció la firma en París de un contrato para enviar una misión militar francesa a la capital haitiana. Días después, el 17 de febrero de 1887, el diario oficial detalló la organización de cursos teóricos y prácticos en el Palacio de la Industria para infantería, artillería y caballería, dentro de un esfuerzo por profesionalizar la fuerza y ofrecer una carrera estable a soldados y jóvenes civiles autorizados por el ministro de la Guerra. Pero el propio recorrido histórico también funciona como advertencia institucional. Tras un año de ejercicio, la cooperación técnica terminó en su plazo reglamentario y el 9 de febrero de 1888 Le Moniteur publicó la carta oficial de despedida del jefe de la misión, el comandante Léon Charles Eugène Durand.
Más allá del valor técnico de aquella experiencia, el episodio subraya que la modernización militar no puede reducirse a contratos, ceremonias o narrativa de éxito: requiere continuidad, organización republicana y rendición de cuentas sobre sus resultados reales, una exigencia que hoy vuelve a cobrar peso cada vez que un gobierno presenta como logro lo que todavía debe probarse en la práctica institucional.
