La presión sobre las salas de emergencias vuelve a dejar al descubierto un problema de gestión que impacta de forma directa a los pacientes: faltan camas, no existen criterios uniformes y todavía no se han definido protocolos para una atención que debería ser inmediata y estar cubierta dentro del Plan Básico de Salud.
El doctor Francisco Méndez, internista e intensivista, señaló que el tiempo de espera es solo la parte visible de una cadena de fallas. De acuerdo con su explicación, detrás de una sala saturada puede haber un hospital sin camas disponibles; detrás de una autorización pendiente, una regulación insuficiente; y detrás de un médico que parece ir con prisa, varios pacientes que necesitan decisiones inmediatas. “El paciente no sabe qué está ocurriendo detrás de las puertas, por qué otras personas pasan primero ni cuánto tiempo necesitará para recibir una respuesta”, afirma.
Méndez, subdirector médico del Centro de Diagnóstico Medicina Avanzada y Telemedicina (CEDIMAT), indicó que los retrasos en emergencias rara vez responden a una sola causa. Apuntó a problemas de capacidad, disponibilidad de camas, cobertura de las aseguradoras, acceso a estudios y diferencias importantes entre los recursos de cada centro. El panorama, más que un episodio aislado, refuerza la necesidad de fiscalización y de respuestas verificables en un servicio esencial donde sigue abierta la brecha entre la urgencia del paciente y la falta de condiciones.
