Colombia quedó en «situación de emergencia» luego del terremoto más fuerte de la última década: un sismo de magnitud 7.4, con epicentro cerca de San José del Palmar, en Chocó, que dejó 132 muertos, 570 heridos, 1,575 viviendas dañadas, 37 completamente destruidas y 61 edificios colapsados. El balance golpea con mayor dureza a una región pobre y vuelve a poner bajo la lupa la capacidad real del Estado para responder ante desastres de gran escala.
La mayor cantidad de víctimas mortales se concentra en Pereira, capital de Risaralda, donde se registraron 60 fallecidos. En distintas ciudades del oeste del país se vivieron escenas de pánico desde las 07:34 hora local, con evacuaciones masivas y edificios derrumbados o con daños severos, según constataron periodistas de la AFP. En Cali, uno de los puntos más afectados, un residente describió el colapso del primer piso de un edificio, muros caídos, escaleras destruidas y vehículos afectados en el parqueadero.
Quibdó, capital del Chocó, también reflejó el impacto en la interrupción de servicios básicos. «No hay energía, no hay wifi, no hay agua», relató el odontólogo Julián Peña. A ello se sumó la afectación de seis aeropuertos, que quedaron fuera de operación para vuelos comerciales por problemas en su infraestructura. Aunque el gobierno nacional aseguró que mantiene desplegadas todas sus capacidades para proteger la vida y llevar ayuda, la magnitud de los daños y el colapso de servicios dejan abierta la exigencia de seguimiento y rendición de cuentas sobre la respuesta efectiva a las comunidades afectadas.
