El vapeo no solo modifica miles de genes en las células de la boca, sino que además lo hace de forma más variable y compleja que el cigarrillo convencional, de acuerdo con científicos de Estados Unidos. La investigación, firmada por Jessica George, Ahmad Besaratinia y otros especialistas de la Facultad de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California, indica que el impacto biológico de los cigarrillos electrónicos depende no únicamente de cuánto se consume, sino también del tipo de dispositivo y del sabor del líquido, lo que complica su evaluación regulatoria y clínica.
Ese hallazgo suma presión sobre la necesidad de fiscalización de productos que contienen nicotina, propilenglicol y aromatizantes, y que ya se vinculan con inflamación, cambios en el ADN y alteraciones en la expresión de genes asociados con enfermedades como el cáncer. Los investigadores recordaron que trabajos anteriores ya habían mostrado efectos sobre genes y vías moleculares en tejidos epiteliales como los de la boca, la nariz o los pulmones, pero no se había analizado de manera sistemática cómo influían la cantidad consumida y el tipo de producto.
A ello se añade otra advertencia: un estudio de Christina Watts y colaboradores, publicado en Health Promotion International, documentó que la industria tabacalera y del vapeo apuntó de forma deliberada a los jóvenes mediante diseños atractivos, sabores, marketing en redes sociales y tácticas de lobby para frenar regulaciones. La combinación entre un daño biológico más difícil de medir y la interferencia contra los controles refuerza la alerta sobre el costo social de una expansión que exige mayor vigilancia institucional.
