La escalada del conflicto en Medio Oriente y su efecto sobre la oferta mundial de petróleo colocan a la República Dominicana ante un nuevo foco de presión económica, con posibles repercusiones sobre la inflación, el crecimiento y las cuentas externas y fiscales. En su evaluación, la oficina de la Asesoría de la Gobernación del Banco Central de la República Dominicana (BCRD) sostiene que, en economías importadoras de hidrocarburos como la dominicana, el aumento del precio del crudo requiere un seguimiento estrecho tanto por sus impactos inmediatos como por sus eventuales consecuencias estructurales.
El documento examina el choque petrolero desde dos ángulos: el coyuntural, enfocado en el efecto de corto plazo del conflicto, y el estructural, orientado a cambios más amplios en la oferta global de crudo. Así, el análisis oficial admite un escenario de elevada incertidumbre externa que influye en el diseño y la ejecución de la política monetaria, al tiempo que vuelve a evidenciar la vulnerabilidad de un país dependiente de las importaciones de hidrocarburos.
De acuerdo con el texto, la guerra entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por el otro, ha golpeado de manera sensible la oferta mundial de petróleo. Los ataques a infraestructura energética y la interrupción parcial del tránsito por el Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del consumo mundial, redujeron la producción de crudo en Arabia Saudita, Irak, Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, que en conjunto representan un 26% de la oferta global, desde unos 22 millones de barriles diarios antes del conflicto hasta cerca de 11 mb/d al cierre de abril. Para la economía dominicana, el episodio vuelve a subrayar la necesidad de fiscalización sobre la capacidad de respuesta ante choques externos que terminan trasladándose al costo de vida y a la presión sobre las finanzas públicas.
