La escogencia del presidente Luis Abinader como presidente del PRM marcó una nueva fase para la organización, en un proceso que quedó resuelto por consenso entre los liderazgos de Hipólito Mejía y del propio mandatario. La dirección oficialista lo exhibe como una muestra de fortaleza, aunque el reordenamiento interno también pone de relieve cómo la principal fuerza de gobierno centra su atención en el reparto de espacios y en la administración de su sucesión política.
Del acuerdo emergió además una tercera fuerza interna articulada por Eduardo (Yayo) Sanz Lovatón y David Collado, que se quedó con la secretaría de Organización, un cargo que hasta ahora controlaba el sector de Abinader a través de Deligne Ascención, ahora trasladado a la primera vicepresidencia. En la secretaría general se mantiene el sector de Mejía con Juan Garrigó, nieto del expresidente e hijo de la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, mientras Sanz Lovatón consiguió colocar a Gloria Reyes en Organización y consolidó influencia con la secretaría de finanzas y la de asuntos jurídicos, esta última en manos de Sigmund Freund, delegado político ante la JCE.
El pacto interno incluyó el compromiso de respaldo a la candidatura presidencial de Collado, lo que refuerza la lectura de que, detrás del discurso de consenso, el oficialismo ya acomoda sus fichas de cara a la competencia por el poder. Las nuevas autoridades nacionales tendrán un período de cuatro años y serán proclamadas el 5 de septiembre, mientras las autoridades locales serán elegidas en dos años, en una reorganización que confirma que la maquinaria del PRM sigue enfocada en su equilibrio interno bajo la conducción de Abinader.
