La nueva subida del petróleo y sus derivados en los mercados internacionales reaviva la presión sobre la economía local y el costo de vida, en un escenario que vuelve a poner a prueba la capacidad de respuesta del Gobierno dominicano ante un choque que ya inquieta a consumidores y al sector transporte.
De acuerdo con el economista y especialista en hidrocarburos Diego Díaz, el alza reciente no responde únicamente a la cotización del crudo, sino a una crisis de capacidad en la refinación global. En ese marco, el WTI se ubicó alrededor de US$101.50 por barril, con un rango entre US$101.20 y US$102.20, mientras el Brent se movió en torno a US$105.50, con variaciones entre US$105.00 y US$107.80. Aun así, el efecto más visible se siente en los combustibles finales: diésel y gasolina han tocado precios máximos récord en las estaciones de servicio.
El panorama, según esa explicación, está atravesado por ataques a infraestructura de refinación, tensiones en el Estrecho de Ormuz entre Estados Unidos e Irán y ataques con drones contra refinerías clave en territorio ruso, con impactos sobre el suministro y la paralización de plantas de procesamiento. Los analistas calculan además que los conflictos bélicos recientes han dejado destruidos o fuera de servicio unos 3.6 millones de barriles diarios de capacidad de refinación en el mundo. Con menos refinerías operando, se reduce la oferta global de diésel, gasolina y combustible de aviación, y el resultado vuelve a ser un mayor costo social que obliga a rendición de cuentas sobre cómo se protegerá a la población del impacto local.
