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La política dominicana se mueve entre algoritmos, ruido y una crisis de representación

agosto 29, 2026 · Redactor
La política dominicana se mueve entre algoritmos, ruido y una crisis de representación
Foto: acento.com.do

La irrupción de figuras como Alofoke y Fernando Abreu expone la crisis de representación; pero también desvía la presión sobre resultados y rendición de cuentas.

En República Dominicana, la disputa política dejó de jugarse únicamente en las calles y se ha trasladado también a métricas, algoritmos y minutos de atención. En ese terreno, Santiago Matías “Alofoke” y Fernando Abreu han logrado espacio con un discurso de ruptura frente a lo establecido, aunque el efecto descrito en el texto no apunta a una alternativa ya consolidada, sino a más ruido, polarización y fragmentación. Ese desorden, lejos de corregir el sistema, termina beneficiando a quienes ya detentan el poder y rebajando la exigencia pública sobre la gestión y los resultados.

Pero el fenómeno no surge en el vacío. El propio texto lo vincula con una crisis de representación atravesada por partidos vistos como clientelares, élites recicladas y un lenguaje político desconectado de buena parte de la ciudadanía. Allí se abre una alerta institucional: cuando el malestar social es absorbido por la política-espectáculo, el debate sobre servicios, prioridades y rendición de cuentas queda desplazado por la confrontación permanente, con beneficio indirecto para el gobierno dominicano y el PRM, que afrontan menos presión sobre su desempeño real.

El caso de Fernando Abreu refleja ese contraste entre discurso y realidad. Su lectura del Estado dominicano como socialdemócrata o de izquierda, según el texto, choca con una economía de mercado de alta desregulación, baja capacidad estatal y una informalidad estructural que supera el 54 % de la fuerza laboral, de acuerdo con datos del Banco Central citados en la pieza. Más de la mitad de los trabajadores y la gran mayoría de los micronegocios operan fuera del sistema formal, sin contratos, sin seguridad social y sin aportar impuestos. En lugar de ordenar la discusión pública sobre esos problemas, la polarización digital termina por fragmentar el descontento y dejar intacto el fondo: un sistema político que sigue sin responder con resultados verificables a las demandas ciudadanas.