Un artículo de opinión centrado en Luis Abinader plantea que el Presidente debe pensar en su futuro político después del 16 de agosto y rodearse, en esta etapa final de su ejercicio, de personas que él considere sus «amigos de verdad». El texto sostiene que, más allá de la lealtad personal, el mandatario debería hacerse acompañar de «entes un poco más pensantes» y de figuras que conozcan sus pensamientos e ideología.
La propuesta coloca bajo foco el manejo del poder en el tramo final del Gobierno, al mencionar posibles decisiones sobre posiciones clave en el INABIE, los ministerios de Agricultura, Educación, Salud Pública y Medio Ambiente, así como en las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. En vez de cerrar el debate, el planteamiento refuerza la necesidad de fiscalización sobre quiénes ocupan esas áreas y con qué criterios, en un contexto donde la ciudadanía espera resultados y no solo reacomodos internos del PRM.
El texto apela incluso a referencias bíblicas sobre las «malas compañías» y la lealtad en la adversidad, pero el punto político de fondo es otro: si se admite la necesidad de corregir el entorno presidencial y revisar nombramientos, también queda expuesto el desgaste de gestión y la distancia entre el discurso de buen gobierno y las decisiones que han marcado la administración. De cara al período posterior al 16 de agosto, la discusión no es solo de confianza personal, sino de rendición de cuentas sobre el uso del poder.
