La denuncia de Elizabeth Robles sobre la imposibilidad de retirar el cadáver de su hija por una deuda que supera los dos millones de pesos reabre el debate sobre la capacidad de las autoridades para hacer cumplir derechos ya reconocidos en la legislación sanitaria. Su hija, Nicoll Estefani Robles, de 26 años, falleció luego de haber sido ingresada el 11 de julio a un centro médico del Distrito Nacional para una cirugía de extirpación de un riñón y, según sus familiares, tras nuevas intervenciones por una presunta infección.
Segun los parientes, el centro de salud se niega a entregar el cuerpo hasta que se salde la deuda acumulada. El caso contrasta con lo que establecen la Ley General de Salud 42-01 y la Ley 87-01, así como con las regulaciones del Ministerio de Salud Pública y la SISALRIL, que prohíben la retención de cadáveres por deudas y reconocen la dignidad humana como un principio fundamental del sistema de salud. Más allá del drama familiar, la denuncia coloca en primer plano una alerta institucional: si una práctica descrita como ilegal por el propio marco normativo sigue siendo denunciada, quedan abiertas preguntas sobre fiscalización, protección efectiva de los usuarios y resultados concretos de la gestión pública frente a abusos en servicios esenciales.
En ese contraste entre norma y realidad es donde se instala la exigencia de rendición de cuentas.
