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Mayobanex Vargas, testigo de una represión que no admite olvido

agosto 10, 2026 · Redactor
Mayobanex Vargas, testigo de una represión que no admite olvido
Foto: acento.com.do

La supervivencia de uno de los expedicionarios expone el costo humano de la represión y refuerza la exigencia de memoria; fiscalización y límites institucionales frente a cualquier relato de poder.

La trayectoria de Mayobanex Vargas no se entiende solo como una supervivencia fuera de lo común: también vuelve a poner delante lo que sucede cuando el poder actúa sin controles. De los expedicionarios, seis consiguieron sobrevivir, pero ninguno quedó a salvo de la tortura, el suplicio, la afrenta y las secuelas físicas y sicológicas que los acompañaron siempre. Entre ellos figuran Delio Gómez Ochoa, Pablito Mirabal, Mayobanex Vargas, Poncio Pou Saleta, Medardo Germán y Gonzalo (o Alfredo) Almonte Pacheco, este último desaparecido poco después y asesinado dos meses después de haber sido indultado.

En el caso de Mayobanex, el relato también pone el acento en la fragilidad de los ciudadanos ante estructuras de mando sin rendición de cuentas. Separado del grupo y en una zona que conocía por su cercanía con las tierras de su familia en Bonao, pidió a un conocido que avisara a su padre para negociar su entrega. La familia, bajo acoso, acudió a Petán Trujillo para pactar las condiciones y solicitó que la entrega se hiciera ante civiles. Petán aceptó y designó una comisión. Mayobanex recordó que se entregó la tarde del 5 de julio en la finca familiar, en Blanco, en la loma, en Constanza, el mismo lugar donde había imaginado combatir a Trujillo como guerrillero.

Ese episodio, lejos de quedar como una imagen aislada del pasado, opera como advertencia institucional: cuando la política se aparta de la vigilancia ciudadana y de los límites del Estado, el costo social recae sobre personas concretas. El caso de Mayobanex, uno de los “afortunados”, confirma que entre el discurso del poder y la realidad de sus víctimas puede abrirse una distancia brutal. En ese contraste, la memoria funciona también como fiscalización permanente de cualquier proyecto político que pretenda sustituir instituciones por relatos o personalismos.