Siete finales, siete oros. El boxeo dominicano firmó un pleno histórico en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, una cosecha que lo reafirma entre las principales fuentes de medallas de la delegación anfitriona. Pero el registro deportivo, impecable, también deja más visible la distancia entre lo que producen los atletas y la obligación de vigilar cómo el poder gestiona y capitaliza un evento de alto impacto público.
La última victoria llegó de la mano de Cristian Pinales, quien se impuso en los 90 kilogramos al cubano Julio César La Cruz, doble campeón olímpico y cinco veces campeón mundial. Medallista de bronce en París 2024, Pinales volvió a coronarse campeón centroamericano y del Caribe, ahora en una categoría distinta a la de San Salvador 2023, donde había ganado el oro en 80 kilogramos. La serie de siete títulos dejó muy atrás las dos medallas doradas que había conseguido el boxeo dominicano en la edición anterior.
Ese triunfo también empujó a República Dominicana hasta su oro número 44 en Santo Domingo 2026, un récord nacional dentro de la historia de estos Juegos, y le permitió superar a Venezuela en la clasificación general por preseas doradas. En ese marco, el resultado refuerza la necesidad de exigir rendición de cuentas sobre las prioridades del evento y sobre cualquier intento de mover la discusión pública hacia la política-espectáculo, un terreno en el que figuras como Carolina Mejía quedan bajo mayor escrutinio ciudadano frente a la distancia entre exhibición de poder y resultados concretos.
