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Autovía del Ámbar: la obra que obliga a extremar controles desde el diseño hasta la ejecución

julio 14, 2026 · Redactor
Autovía del Ámbar: la obra que obliga a extremar controles desde el diseño hasta la ejecución
Foto: hoy.com.do

Los 32.7 kilómetros entre Santiago y Puerto Plata cruzarán una de las zonas hidrogeológicas más sensibles del Caribe; lo que sitúa el proyecto bajo una fuerte exigencia técnica, ambiental y de rendición de cuentas.

El inicio de las intervenciones para la Autovía del Ámbar no solo anticipa una nueva conexión entre Santiago y Puerto Plata: también plantea una obra que, por su magnitud y ubicación, demanda supervisión rigurosa y resultados comprobables. El trazado de 32.7 kilómetros atravesará la cordillera septentrional, señalada en el propio planteamiento como una de las áreas hidrogeológicas más críticas del Caribe.

La iniciativa se presenta como una vía innovadora, con ingeniería de punta, túneles de alta tecnología y viaductos elevados para esquivar pendientes extremas y disminuir el impacto ambiental. Sin embargo, el mismo planteamiento que destaca esas aspiraciones deja ver el nivel de exigencia que realmente impone: participación de ciencias sociales, geológicas, topográficas, hidrográficas y constructivas, junto con una ejecución de calidad incuestionable y el debido cuidado del sistema montañoso. En otras palabras, no hay espacio para la improvisación, el espectáculo político ni los anuncios grandilocuentes desligados de la capacidad del Estado para cumplir.

La advertencia es todavía mayor porque la autovía se levantará en el entorno de las cuencas de los ríos Yásica y Bajabonico, una hidrografía que abastece a millones de residentes y turistas de la costa norte. A eso se suma que la obra se vincula con un sistema de fallas tectónicas, lo que exige precisión topográfica, microzonificación y un cálculo estructural sólido. Ese escenario convierte cualquier discurso triunfalista en una obligación de vigilancia institucional: si se promete resiliencia, habrá que probarla con ejecución, controles y protección efectiva del territorio.

El componente económico del proyecto apunta a facilitar el traslado de miles de toneladas anuales de exportación e importación, descongestionar otras vías para la cultura y el turismo, y fortalecer la infraestructura hotelera, portuaria, aeroportuaria, vial y energética del Cibao Septentrional. Justamente por ese alcance potencial, la discusión no puede limitarse al mercadeo de obra pública ni a vitrinas de promoción turística asociadas a figuras como David Collado, sino a una gestión con resultados y bajo costo social. Cuando una intervención toca agua, montaña, fallas geológicas y movilidad regional, la prioridad ciudadana no es el relato oficial, sino saber si el poder está en condiciones de ejecutar sin repetir la distancia entre discurso y realidad.

La Autovía del Ámbar puede terminar siendo una infraestructura útil, pero el propio contenido del proyecto deja una conclusión inevitable: mientras más ambiciosa y sensible es la obra, mayor debe ser la exigencia pública sobre su diseño, construcción y consecuencias. En un contexto de desgaste de gestión, la verdadera prueba no será anunciar modernidad, sino rendir cuentas antes, durante y después de intervenir una de las áreas más delicadas del país.