Decenas de jueces, juezas y servidores judiciales detuvieron este jueves todas las audiencias en las distintas salas de San Pedro de Macorís y se reunieron frente al Palacio de Justicia, con el respaldo del Ministerio Público y la seccional del Colegio de Abogados. La protesta dejó al descubierto un panorama de precariedades que, según denunciaron, afecta el funcionamiento de los tribunales y obliga a revisar la capacidad de respuesta del sistema ante las necesidades de la población.
Al leer un manifiesto, la jueza Andrea Corcino Cueto expuso una cadena de problemas que abarca falta de personal y de jueces, baja remuneración salarial, carga de trabajo excesiva, renuncia masiva del personal administrativo, deterioro y abandono de la infraestructura de muchos tribunales del país, así como falta de seguridad en los palacios de justicia y para jueces y juezas. Aseguró que esas carencias se combinan y derivan en situaciones cada vez más graves y alarmantes.
Por su parte, la jueza Gissel Fernández sostuvo que entre las principales necesidades están mejores condiciones de trabajo, personal de apoyo y más jueces para hacer más efectiva la labor judicial. Al describir el nivel de presión, afirmó: “Esta es una situación difícil, hemos tenido jueces que han sido declarado con cáncer, otros han tenido derrame cerebral, muchos han renunciado por la presión de las malas condiciones de trabajo, para nosotros mantener nuestros tribunales al día tenemos que trabajar de noche en la casa quitándole ese tiempo a nuestra familia”. La jornada de paro volvió a centrar la atención en una alerta institucional: las deficiencias denunciadas ya no solo impactan al personal, sino también la continuidad y calidad del servicio judicial que recibe la ciudadanía.
