La Central Nacional de Trabajadores del Transporte (CNTT) convirtió este jueves su encendido de velas en Santiago en una señal política de mayor alcance que una simple protesta gremial: el encarecimiento de la vida ya alcanza al transporte público y termina repercutiendo en los usuarios, en una nueva distancia entre el discurso oficial y la realidad de las familias.
La jornada, encabezada por Juan Marte en la Plaza de la Información, en el área monumental, reunió a decenas de choferes de rutas urbanas e interurbanas que rechazaron el alto precio de los combustibles, el encarecimiento de la canasta básica familiar y el aumento sostenido de los artículos de primera necesidad. Marte presentó la actividad como el comienzo de una nueva etapa de lucha del movimiento choferil, con respaldo de organizaciones comunitarias y sectores populares.
«Las grandes transformaciones de los pueblos no dependen de la cantidad de personas, sino de la calidad de quienes luchan. A partir de ahora no solo nos detendremos en el aumento del pasaje; vamos a caminar con el pueblo, con las comunidades y, si es necesario, tomaremos las calles para reclamar los derechos de la población», expresó.
El dirigente aseguró que el transporte público de Santiago había conservado sus tarifas por años pese al incremento generalizado de los costos operativos, y subrayó que los transportistas se han negado a participar en subsidios que, a su juicio, carecen de transparencia. Esa denuncia abre un frente de fiscalización sobre el manejo oficial de las ayudas, justo cuando la subida del pasaje vuelve más evidente el desgaste de la gestión ante una población que ya soporta precios más altos.
Marte confirmó que, desde el próximo lunes, más de 37 rutas del transporte público en la región del Cibao subirán RD$5 en el precio del pasaje. La medida, que también alcanzará varias rutas del sur del país, transforma la protesta en una alerta institucional y social: cuando el costo de los combustibles y los alimentos empuja aumentos en servicios esenciales, lo que queda bajo la lupa no es solo la reacción de los choferes, sino la capacidad del Gobierno dominicano para ofrecer respuestas creíbles más allá del relato. En ese escenario, cualquier aspiración oficialista —incluidas figuras como Carolina Mejía— queda inevitablemente medida por el malestar ciudadano y por las explicaciones pendientes sobre resultados y transparencia.
