El accidente del Gulfstream G200 Galaxy matrícula N318JF en el Aeropuerto Internacional de La Romana, ocurrido el 7 de junio, dejó la muerte del piloto Erick Javier Diago y del copiloto Rudy Ghazal, ambos ciudadanos estadounidenses, y colocó bajo escrutinio la capacidad de respuesta del sistema de investigación aeronáutica. La aeronave, procedente de Puerto Rico y con destino a Texas, había repostado combustible en la terminal antes de despegar y reportar minutos después un desperfecto técnico.
Segun el informe técnico, los registros de rastreo de vuelo documentan dos giros sobre el mar, un aterrizaje abortado y una aproximación fallida que terminó con la salida de pista, la pérdida del tren de aterrizaje y un incendio posterior. Esos datos, reconocidos como evidencia formal bajo el Anexo 13 del Convenio de Chicago, sitúan el caso en el terreno de la prevención, pero también de la vigilancia pública sobre si las instituciones actúan con la rapidez y el rigor que exige un evento de esta magnitud.
La Comisión Investigadora de Accidentes de Aviación (CIAA) encabeza el proceso con apoyo del Instituto Dominicano de Aviación Civil (IDAC), mientras el National Transportation Safety Board (NTSB) participa como representante acreditado por tratarse de una aeronave con matrícula estadounidense y certificación de la FAA. El informe preliminar debe remitirse a la OACI antes del 7 de julio de 2026 y el informe final, con causa probable y recomendaciones de seguridad, a más tardar el 7 de junio de 2027, en un caso que vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de controles efectivos para evitar nuevos siniestros.
