En un servicio de alto impacto para el bolsillo, la garantía de que una estación de combustibles despacha exactamente lo pagado se sustenta en verificaciones metrológicas que el Indocal realiza dos veces al año y en un sistema de sellos visibles para el consumidor. La propia explicación oficial confirma que cada manguera debe ser revisada semestralmente para determinar si está correctamente calibrada.
De acuerdo con el procedimiento descrito por la institución, un sello azul indica que el dispensador está correcto; si no está calibrado, recibe un sello rojo y esa manguera no puede seguir despachando hasta ser intervenida por un reparador público certificado por el Indocal. Después se coloca un sello amarillo, que identifica el equipo tras esa corrección. El esquema muestra que la fiscalización no es automática ni permanente, sino que depende de inspecciones periódicas en establecimientos donde cada día se realizan miles de operaciones comerciales.
La información, ofrecida por el director del Indocal, Néstor Julio Matos, y por Rubén Neris, responsable de Metrología, pone el foco en la necesidad de vigilancia ciudadana en las estaciones de expendio. En la práctica, el consumidor debe fijarse en el color del sello para saber en qué condición se encuentra el dispensador antes de pagar por gasolina o gas, en un contexto donde cualquier falla de calibración impacta directamente lo que recibe por su dinero.
