La caída de un avión ejecutivo este domingo en el Aeropuerto Internacional de La Romana, que dejó muertos al piloto y al copiloto, volvió a colocar sobre la mesa la urgencia de esclarecer con rapidez y transparencia los fallos que terminan en tragedia dentro de una terminal aeroportuaria. La aeronave, un Gulfstream G200 Galaxy de matrícula estadounidense, había despegado con destino a Austin, Texas, cuando la tripulación reportó problemas técnicos, intentó regresar de emergencia a la pista y acabó precipitándose dentro del perímetro aeroportuario.
El Instituto Dominicano de Aviación Civil (IDAC) informó que el vuelo operaba en modalidad chárter y que no llevaba pasajeros. Además, indicó que el avión había llegado desde Puerto Rico, se abasteció de combustible y declaró la emergencia cuando se encontraba a unas 16 millas náuticas al suroeste de La Romana. En la maniobra de retorno, el aparato perdió estabilidad e impactó contra el terreno, lo que motivó la intervención de bomberos, personal de Salvamento y Extinción de Incendios, CESAC, así como de Migración, Aduanas y empleados de la terminal, según informó el diputado Eugenio Cedeño.
Hasta el momento, las autoridades aeronáuticas no han divulgado las identidades de las víctimas. La Comisión Investigadora de Accidentes de Aviación (CIAA) asumió el caso para determinar la causa exacta de la falla. El hecho, además de conmocionar al sector aeronáutico nacional, reabre la demanda de vigilancia estricta y rendición de cuentas sobre las condiciones operacionales y la capacidad de respuesta ante emergencias en instalaciones de alto tránsito.
